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Ideologías del asado

Cuando llegué a Valencia sabía que la paella era arroz. Pero estaba equivocado, la paella es una religión. Tiene sus sacerdotes, sus sectas, sus fieles, toda una liturgia. Algunos son tan fanáticos que para hacer una paella en Londres se llevan el agua de aquí. Mientras se come una paella, es obligatorio discutirla: a mí me gusta un poquito melosa, pero creo que eso es una herejía; puedo pasar del socarrat (otra) y concuerdo en que poca gente sabe engañar los caracoles. No hace falta que me inviten dos veces a una paella, sólo quiero saber a qué hora empieza la cocción, para aparecer yo con el aperitivo. Todo indica que con el asado pasa algo similar en Argentina. Lo cuenta Juan Sasturain: “Hoy la ideología retro del asado oscila entre lo que es y lo que se hace. Comer asado –colesterol mediante– es una opción saludablemente incorrecta porque no ofrece alternativas light, sobre todo si se le suma el universo multiforme de la parrillada, que no puede faltar; ir a un asado es un programa, una salida colectiva de base amistosa previa que implica compromiso de tiempo y disponibilidad –no es una fiesta la que se cae sino algo a lo que te invitan: hay que responder por eso–; y hacer un asado (asumirlo como propio) es una performance compleja que compromete aptitudes y prestigio, desglosable en tres tareas que pueden estar repartidas entre varios o asumidas por el omnipotente asador: comprar la carne, prender el fuego, hacer (propiamente) el asado. Hay especialistas en cada ítem, pero el asador con vocación tiende a monopolizar las tres tareas.” Ideologías del asado.

Roger Colom | 26/03/2005 | Artículos | Gastronomía

Comentarios

  1. loca
    2005-03-26 10:18 Yo creo que el mero hecho de ser anfitrión, implica posición y prestigio, sea el caso del asador o del cocinero de la paella y esto desde tiempos inmemoriales, leer si no la Sra. Dalloway o Madame Bovary o en su defecto poner en la tele el anuncio de Ferrero Rocher. Cuanta más gente seas capaz de movilizar, mayor será tu poder porque mayor es tu influencia y si todo sale bien, tu prestigio saldrá realzado.

    Otra cosa son las fiestas o comilonas familiares o entre amiguetes, ahí todos van al mismo nivel: el anfitrión pone la casa, un amigo trae el vino, el otro el postre, otros ayudan a cocinar, otros a lavar los platos… esas sí que son verdaderas fiestas ;)
  2. Luis Amezaga
    2005-03-27 12:50 Entendido.

    Acabo de montar la Iglesia de la comida precocinada, con sus rituales de plástico y microondas. Busco acólitos. Mataremos en guerra santa a los herejes de la comida tradicional

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