Yo soy de lo peor, en cuanto a consumo. No compro casi nada (excepto cosas de leer y/o de comer). Y no es por tacañería (creo), sino más bien porque las cosas y los lugares donde las venden (reales o virtuales) me aburren. Aunque creo que las personas deben ser responsables de cómo gastan su dinero, me parece importante la nueva normativa europea que exige honradez a los vendedores. Ramón Tamames (con la colaboración de Mónica López): “Deberán desaparecer las ventas por señuelo (cuando el objetivo es vender otra cosa), los descuentos que parten de un precio artificialmente elevado, las promociones con breves plazos, cuando en realidad no existen tales, aquellas ofertas con falsas liquidaciones o traslados, etc. Además, quedan explícitamente prohibidos los planes de venta piramidal en los que la compensación se derive de la entrada de otros consumidores en el plan en lugar de por la venta de productos.” Fin a las ventas engañosas.