Si no saben lo que es un «pico», y yo no lo sé, y por lo tanto, no lo han probado nunca, les aseguro que leer Un manjar desconocido, de Rafael Marín, y ansiar llevárse una tapita a la boca será todo uno. Lean, lean si no me creen: “Los picos de pan, los mini-picos, los picos como sólo se hacen los picos en Cádiz, en Jerez, o en Puerto Real. El equivalente a las pipas para el cine, pero en la mesa, me da a mí que son. Porque esos sí que hacen buena la frase “¿A que no puedes comer sólo uno?”. Son un vicio, un vicio sano, y por eso uno se pone la mar de gordo cuando el personal de fuera se los engulle de tres en tres y de cuatro en cuatro, sin dar crédito a su existencia. Que se quite el caviar beluga, donde esté un buen pico. Y si está retorcido y adopta formas caprichosas, mejor que mejor: el pico debe ser el único producto sobre el planeta Tierra que, cuanto más contrahecho, más preciado, más sabroso.”