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Descripción de la mentira
El óxido se poso en mi lengua como el sabor de una desapari-
ción.
El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el
olvido,
y no acepté otro valor que la imposibilidad.
Como un barco calcificado en un país del que se ha retirado el
mar,
escuché la huida de los insectos y la retracción de la sombra
al
ingresar en lo que queda de mí;
escuché hasta que la verdad dejó de existir en el espacio
y en
mi espíritu,
y no pude resistir la perfección del silencio.
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La crueldad nos hizo semejantes a los animales sagrados y nos
condujimos cn majestad y concertamos grandes sacrificios
y ceremonias dentro de nuestro espíritu.
Descubríamos líquidos cuya densidad pesaba sobre nuestros
deseos y aquellos lienzos y las escamas que coservábamos
de las madres se desprendieron de nosotros: atravesábamos
las creencias.
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Mi amistad está sobre ti cmo una madre sobre su pequeño
que sueña con cuchillos.
No te pondré otra venda que la que está roída alrededor
de mi
cuerpo, no te pondré otro aceite que el
que descansa dentro
de mis ojos.
Ciertamente es una historia horrible el silencio, pero hay una
salud que sucede a la desesperación.
Acuérdate de la paz en los comercios abandonados, acuérdate
de la dulzura en las habitaciones donde se corrompía
el olvi-
do. Nadie tenía razón ni esperanza,
¿qué podíamos hacer?
Ahora pasan vencejos entre el nogal y su sonido tiembla so-
bre mí.
Tú, lejos, debes dormir entre alaridos, hijo mío, tú
que acos-
tumbrabas a enloquecer a los maestros, y a las mujeres
que
se deslizaban debajo de tus dedos.
Puedes venir a repartir los alimentos y las mentiras delante de
mi rostro. ¿Por qué quemas tu lengua
en las bahías excava-
das en pómez, por qué te abres a
las semillas que no perdo-
nan, a las linazas adventicias?
Puedes cantar en mis manos y te desdices encima de tu
belleza.
Harías mucho mejor acercándote.
El incrédulo habita en un miundo de plegarias. Hay resplandor
delante de sus ojos, los que estuvieron heridos
por la indig-
nación.
Es más sencillo proceder de un país suntuoso, de una memoria
recamada de espejos cada espejo con su vértigo,
cada es-
pejo con su profundidad llena de frutos
pero, de todas
formas, desconfía de aquellas manos cuya
blancura puede
ser besada.
Es más sencillo despertar de un tiempo cuya hermosura no
existió aunque se extendiera como un crepúsculo.
Acércate a quien se calienta con los excrementos de la justicia.
Hay más honor en no tener razón.
Ahora mi paz está en avergonzarme de la esperanza.
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Largos silvidos llegan desde los patios. Yo escucho hasta la
hora más tardía y el mundo es oquedad
y la hermosura de
los adulterios hierve en el fondo de los vasos
de noche.
Así es la víspera de un día. La leche anuncia la
mañana.
¿Qué ley es ésta en mis oídos?
Antonio Gamoneda, Descripción de la mentira, León
1977; en Edad, Cátedra, 1989.
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